Tipos de feminismo sexo en el coche con prostitutas

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La mayor de todas ellas era la que vivía en la ciudad de Buenos Aires. La amiga de su patrona le pidió una mujer del interior para tenerla como empleada doméstica.

Me acuerdo que discutí con mi madre porque ella no quería que viajara a buscar trabajo fuera de mi tierra. Pero yo me decía a mí misma: Era la cuarta de las siete. Y nada, así llegué con 16 años a la capital.

La patrona me fue a esperar a la terminal de Retiro con un cartelito que decía: Siempre digo que los carteles han marcado mi vida. Fue fascinante llegar a una ciudad tan grande, recuerdo pasar por la avenida Córdoba y ver un río de coches, pensaba: Me llevaron al barrio de Floresta, a una casa muy grande de dos plantas.

Me acuerdo de que me levantaba a las cinco de la mañana y me acostaba a la una de la madrugada. Duchar a las nenas, prepararles el desayuno, así empezaba mi día. Solo descansaba los domingos por la tarde pero trabajaba de lunes a domingo. Así que le pedí un aumento a la patrona y no me lo quiso dar porque, claro, era menor de edad, estaba sola y lejos de mi familia. Hoy puedo entender que era explotada laboralmente.

Ahí empezó la violencia en mi vida. Me pusieron de patitas en la calle y tuve que buscar un hotel muy económico del barrio donde dormir. Mi hermana también había cambiado de trabajo y perdí su teléfono. Me vine a la plaza Flores y después caminé hasta la plaza Once, en el centro. Allí estuve viviendo un tiempo y pasé las fiestas de fin de año. Dormía durante el día en los trenes, donde me sentía protegida y de noche me quedaba despierta, no hacía ranchada con nadie.

Existen las ranchadas de personas adultas y ranchadas de adolescentes. Me quedaba despierta toda la noche para protegerme de posibles agresiones. Comía lo que encontraba en la basura porque no sabía pedir.

Empecé a enflaquecer por el hambre. Ahora pienso, si hubiera podido terminar la escuela secundaria, si hubiera tenido una educación liberadora, si mis maestros me hubieran dicho: Si hubiese tenido todo eso, no hubiera migrado. En la prostitución no se vive, se sobrevive.

Cuando vivía en la calle no sabía que existían las putas ni los varones prostituyentes. Tampoco sabía que existían los fiolos proxenetas. En la pobreza del Chaco, mi vida era la de una niña inocente, aunque siempre trabajé. Los posibles empleadores me respondían que una persona que vive en una plaza no tiene domicilio legal y no me daban trabajo.

Y así el mundo te va expulsando. Ya al tercer día que vivís en la calle te convertís en mugre… No tenía donde lavarme ni donde limpiar la ropa. En ese entorno, veía todos los días a mujeres que estaban sentadas en la plaza y me preguntaba: Pensaba que estarían descansando antes de volver a sus casas.

Hubo una que me produjo empatía, una mujer que en esa época tendría 50 años. Me acerqué a ella y le conté mi historia. Hice exactamente lo que me dijo y cuando volví, le pregunté: Así los hombres me hicieron la puta de todas y de todos… No recuerdo el primer varón que me prostituyó. En mi memoria borrosa me veo entrando sola a un hotel de pasajeros y con un plato de comida caliente en la mano.

Porque no tenía fiolo proxeneta. La policía te obligaba a tener fiolo. Lo que quería la policía era su cuota. Cuando le dije que no tenía fiolo me llevaron al Departamento de Moralidad. Fue en el 83, todavía estaba la dictadura, justo antes de que volviera la democracia. Y como no tenía un chulo ni pagaba la mordida, la policía se lo cobraba con la privación de mi libertad. Las mujeres que tenían proxeneta no eran detenidas.

Yo nunca tuve fiolo. Las que lo eligen son muy pocas y se supone que por ejemplo, las putas VIP lo eligen con total libertad pero eso no es verdad porque son esclavas de sus lujos y el producto de un capitalismo feroz que nos construye deseos consumistas innecesarios. En esa época, vivía presa la mayor parte del tiempo. Cuando traían a las prostituidas de los clubs privados, las whiskerías y los bares que tenían arreglos con la policía, esas mujeres se quedaban detenidas solo un par de horas. Ni siquiera entraban al calabozo, les tomaban las huellas digitales hasta que llegaba el fiolo o el dueño del lugar, que pagaban una multa grande y se llevaban a las chicas de su club.

La policía nos aleccionaba sobre las chicas que no eran como nosotras. Después tuve que hacer un trabajo interior muy fuerte para sacarme esa rabia. Me di cuenta de que ese encierro y esa discriminación nos enseñaban a odiar a las otras mujeres. Ellos lo fomentan con mucha crueldad. Crean distintas categorías de putas. Y esas, le tienen que dar parte de lo que ganan a su fiolo ….

Me compré el diario Clarín —a punto de cumplir 17 años- y encontré un aviso: Llamé y me citaron en una oficina de la calle Independencia, en Once.

Me recibió un hombre. Le expliqué que necesitaba el trabajo de camarera, pero no tenía experiencia. Me lo dio y me pagó el pasaje de avión. Al día siguiente, cuando llegué a Río Gallegos me esperaba otro señor con otro cartelito que decía lo mismo que la vez anterior: Me llevó a un bar, donde me recibió una mujer que hoy es una de las grandes traficantes de mujeres del sur de Argentina.

En Santa Cruz la provincia a la que pertenece la ciudad de Río Gallegos hay cinco familias de fiolos que trafican mujeres, manejan toda la provincia y son millonarios gracias a la complicidad de los políticos de Argentina. Por eso, el segundo libro que estoy escribiendo se llama Ni puta ni peronista. Se trataba del prostíbulo VIP de la ciudad en esos años y allí nos explotaban a 10 mujeres muy jovencitas, casi todas de 17 años como yo que veníamos de varias provincias.

Al poco tiempo de llegar me hicieron un bautismo: El bautismo se practicaba con cada puta nueva que llegaba a local. Se probaba toda la carne nueva. Hartas de que la prensa "mezcle prostitución voluntaria con forzada, de escuchar debates políticos donde nunca se nos pide opinión y de una Ley de Seguridad Ciudadana que multa a clientes y a trabajadoras sexuales", han decidido barrer las calles para, de forma simbólica, eliminar los prejuicios.

Piden que se reconozca su actividad como un trabajo, que se regule y que habiliten espacios para poder ejercer. Y no, no les gusta la palabra 'prostituta', prefieren llamarse 'trabajadoras del sexo'. Hace muchos años queríamos formar una plataforma que se quedó en 'stand by', pero con la Ley de Seguridad Ciudadana un grupo de nosotras decidimos formarla para contrarrestar las informaciones de algunos medios de comunicación.

Somos unas , pero hay muchas que son madres de familia y no han podido venir hoy. Que todas somos víctimas de la trata. En este y en todos los lugares del mundo. Nosotras no queremos mezclar nuestra lucha y que luego nos puedan decir que qué hacemos reivindicando nuestra libertad si tenemos víctimas de la trata. Pero si los tuviéramos, yo podría cobrar una baja, el paro o la jubilación, pero ahora mismo no puedo.

Insistís mucho en el cuidado y la limpieza de las zonas comunes. Nos dicen que somos nosotras las que ensuciamos las calles. Nosotras sí tenemos conciencia cívica y recogemos la basura. Que hay preservativos es verdad, pero en el centro también hay basura tirada. Algunos dicen que la prostitución espanta las inversiones empresariales. No todo es color de rosa. Hemos hablado con la segunda de Manuela Carmena, con el concejal de Villaverde y con el grupo de Ahora Madrid y estamos ahora queriendo ir paso a paso a ver si logramos algo.

Buenas y algunas no tan buenas, algunas nos han dicho que sí y que esperemos, pero no con esperanza. Aunque sales con buen sabor de boca y una sonrisa en la cara. Bueno, pero no sé hasta qué punto quiere regularlo.

Nosotras sabemos lo que sufrimos y lo que tenemos que llevar a casa. Yo creo que me Va a ser completamente imposible que conteste a todo. De modo que no ha habido ni una sola pregunta que haya estado desubicada, todas han ido exactamente a la cuestión.

Las voy a contestar igual un poco desordenadas. Lo primero, yo quiero explicar muy brevemente, por las consecuencias que tiene, qué significa lo del abolicionismo normativo; y lo primero quiero decir que lo mismo que no hay un solo feminismo, sino que hay varios feminismos, igual que no hay un socialismo, sino que hay varias posiciones dentro del socialismo, igual que no hay un solo liberalismo, hay liberalismos, neoliberalismos, hay democracias cristianas, hay, en fin, tantas cosas, el abolicionismo es un bloque que no es completamente homogéneo, en el que hay, digamos, matices y hay matices de orden intelectual y también matices de orden instrumental y político.

Cuando yo hablo de abolicionismo normativo lo que quiero decir es que hay dos terrenos muy claros: La prostitución, como otras esclavitudes y como otros fenómenos sociales, es éticamente detestable, porque es detestable la subordinación, porque es detestable la inferioridad y porque es detestable la no libertad. Creo que tenemos que generar criterios éticos que nos permitan distinguir aquello que es adecuado y lo que no lo es, lo que es ético y lo que no lo es.

Entonces, la prostitución es un fenómeno social detestable desde el punto de vista moral; después ya vienen otras muchas discusiones. Pero la característica que tenemos en el feminismo y la característica que tiene la izquierda, y digo la izquierda en su sentido amplio, y esta es la distinción analítica fundamental que hay entre el prohibicionismo y el abolicionismo, y la característica fundamental que hay también entre la izquierda y el liberalismo, es que la izquierda y el feminismo, como todos los movimientos críticos de la modernidad, tenemos la manía de preguntarnos por las causas.

Vamos a decirlo con otras palabras: Y no hay una definición buena de qué es la política ni se pueden hacer políticas que estén orientadas a ampliar la libertad y la igualdad de los seres humanos si no hay unos criterios éticos que son incontestables. Sobre la ética no hay discusión, hay discusión sobre la política. Los derechos humanos no se pueden cuestionar, se pueden cuestionar determinadas políticas.

No es ese mi punto de vista. Por lo tanto, ahí ninguna duda. Y el segundo paso que tenemos que dar es entender por qué existe la prostitución.

Y tenemos que deshacernos de esa idea loca, bajo mi punto de vista, que como una realidad ha existido históricamente siempre, tenemos que darla por inevitable.

Nos podemos poner en el peor de los casos. Y el peor de los casos es que, efectivamente, estemos en la posición de que queramos que desaparezca la prostitución y la desigualdad, pero lo consideramos imposible.

Cuando digo que desde la izquierda y desde el feminismo tenemos esta manía, que yo creo que es una manía muy emancipadora, de mirar las causas, pues yo creo que no se puede entender la prostitución fuera de que tenemos que asumir que existe esto que se llama Si las dominaciones existen es porque hay muchísimos instrumentos que las tapan, si no, evidentemente, lo que habría serían revoluciones, obviamente.

Tiene una larguísima historia. Y por eso el feminismo tiene tres siglos de historia. Después viene otro terreno, y el otro terreno es el de las políticas.

Aquí sí que existe una discusión. Y las medidas de acción afirmativa y de discriminación positiva, tengo que decirles que desembocan, por cierto, en otro concepto: Yo no estoy pensando en una sola ley. Desde el feminismo se pide que los derechos humanos que disfrutamos las mujeres del primer mundo también puedan ser disfrutados por las mujeres del tercer mundo y por las mujeres prostituidas que, como ustedes saben muy bien, son mayoritariamente precisamente del tercer mundo.

Miren, hay una cosa que sabemos quienes somos de izquierdas y quienes somos feministas, hay una cosa que la sabemos de memoria: Dicho de otra forma: Nos compromete, nos compromete radicalmente. Y les voy a poner un ejemplo. Si se llega a la conclusión, ideológicamente, de que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera y que es un servicio que presta un grupo de mujeres a la sociedad, eso va a generar dentro de los niños y de las niñas de una forma bastante invisible aparentemente, aunque no hay invisibilidades ni casualidades -por cierto, en los sistemas de dominación, si alguno de ustedes fuese psicoanalista diría que tampoco en las biografías individuales.

Voy a pasar a la siguiente pregunta, porque creo que me falta poco. Respecto a lo que usted me decía de las leyes.

Pero aunque el poder político tiene una capacidad de maniobra relativa, yo creo firmemente en las instituciones de representación del Estado y creo en el poder político como un instrumento de cambio social. En esa medida creo mucho en las leyes. Lo que queremos siempre es que se cumplan. Desde este punto de vista yo creo que en las leyes tiene que estar presente la sanción política, la sanción jurídica de lo que es una forma de subordinación y de discriminación como es, por supuesto, la prostitución.

Aquí ya solamente tres cosas, y lamentaré muchísimo no haber contestado a todo. Bueno, pues reglamentar beneficia, en primer lugar, a los varones. Son los varones los primeros beneficiados.

Pero no podemos pensar que solamente interesa la reglamentación a los varones.

Georgina trabaja en la calle, María no. Georgina se inició primero en el trabajo sexual y luego en el feminismo. Tienen muy en claro lo que son y lo dicen con orgullo: La necesidad de conseguir una remuneración económica y mejorar así nuestra calidad de vida. Si se piensa que el trabajo sexual no puede ser reconocido como trabajo porque se llega por una necesidad, y que por eso hay que abolirlo, entonces hay que abolir el sistema.

Una opta dentro de las pocas posibilidades que tiene. En mi caso, ser niñera no me gustó porque no tengo paciencia con los chicos. Como empleada administrativa me sentí super explotada, muy mal paga. A los 21 años me costaba mucho conseguir empleo o los sueldos eran muy bajos, siempre en negro. Soy de General Rodríguez y nunca podía alquilar en Capital, me costaba mucho estudiar y trabajar a la vez.

Viajaba muchísimo y mal. Tampoco tenía la posibilidad de que mis padres me paguen un departamento, como le ocurría a algunas compañeras. Busqué otra salida para mi vida y el trabajo sexual no era algo que veía de mala manera sino todo lo contrario. Las abolicionistas dicen que hay un abuso de poder del cliente hacia nosotras. No nos gusta que nos pongan en ese lugar de mujeres tontas, que no sabemos decidir qué precio ponerle a nuestra sexualidad y que el hombre viene y hace lo que quiere.

Los límites los ponemos nosotras. Obviamente hay situaciones de violencia que como movimiento de trabajadoras sexuales estamos reflejando todo el tiempo. Pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución como violencia hacia nuestros cuerpos, para nosotras la violencia que sufrimos viene de parte del Estado.

Para el abolicionismo, toda transacción de dinero por sexo es violenta. Solo se puede vivir la prostitución como víctima. Entonces cuando aparecemos nosotras como trabajadoras sexuales que decidimos serlo y exigimos derechos, buscan invisibilizar nuestras voces. Todas tienen que ser escuchadas. El Estado argentino entiende que todo es trata, desligitimando nuestros testimonios, creyendo que es producto de un discurso que nos dijo nuestro patrón que tenemos que decir para cuidar su negocio.

Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir. Hoy por hoy no hay una diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual autónomo. Nadie pregunta si la trabajadora quiere estar ahí o no.

Se nos pone a todas en la misma bolsa, y así no se puede ayudar a quienes no quieren hacerlo. Nosotras pedimos que caso por caso se vea resuelto. Que se le puedan dar oportunidades laborales reales a esas mujeres. Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente. Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos. Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución.

Podríamos decir lo mismo de la empleada doméstica, una mujer pobre que limpia la casa de alguien rico, muchas veces en malas condiciones. Ahí se pidieron derechos laborales. Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa. Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación.

El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer. El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco".

El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta. Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista.

Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores. Nuestro trabajo no es indigno, indignas son las condiciones en las que trabajamos, como muchos otros sectores. Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad.

Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante. Tanto Georgina como yo podemos ser consideradas víctimas de trata. De hacho, muchas veces quedan registradas compañeras como víctimas rescatadas cuando en realidad eran trabajadoras autónomas trabajando en un departamento que la policía allanó.

La abolición nunca va a suceder. Las trabajadoras sexuales también queremos que la trata de personas no exista. Ni que se le tenga que entregar parte de las ganancias a un tercero. Es decir, estaban decidiendo sobre nosotras, pero sin nosotras. Durante mucho tiempo estuvimos dando vueltas en ese discurso de que las trabajadoras sexuales tenemos que combatir la trata.

Pero es como mucho ya, porque tenemos que luchar por nuestras condiciones laborales y también contra la trata. Sin clientes no hay plata ríen.

La verdad que eso fue toda una política de comunicación del anterior gobierno de intentar generar conciencia, que algunos sectores lo utilizaron para intentar penalizar al cliente de prostitución.

Pero si los tuviéramos, yo podría cobrar una baja, el paro o la jubilación, pero ahora mismo no puedo. Insistís mucho en el cuidado y la limpieza de las zonas comunes. Nos dicen que somos nosotras las que ensuciamos las calles. Nosotras sí tenemos conciencia cívica y recogemos la basura. Que hay preservativos es verdad, pero en el centro también hay basura tirada.

Algunos dicen que la prostitución espanta las inversiones empresariales. No todo es color de rosa. Hemos hablado con la segunda de Manuela Carmena, con el concejal de Villaverde y con el grupo de Ahora Madrid y estamos ahora queriendo ir paso a paso a ver si logramos algo.

Buenas y algunas no tan buenas, algunas nos han dicho que sí y que esperemos, pero no con esperanza. Aunque sales con buen sabor de boca y una sonrisa en la cara. Bueno, pero no sé hasta qué punto quiere regularlo. Nosotras sabemos lo que sufrimos y lo que tenemos que llevar a casa. Hay muchas españolas que se han echado a la calle a prostituirse o lo han hecho en una piso porque las han desahuciado y les han quitado su vivienda.

Sí, ellas sobre todo trabajan en casa. Tienen una familia y nunca lo han hecho antes. Y no solo son chicas jóvenes, sino señoras mayores y de todas las edades. Yo vine de mi país hace muchos años. Trabajaba en un bar en la Casa de Campo y dando una vuelta vi muchas chicas paradas allí y decidí probar. Al principio no te conocen, pero luego vas haciendo amigas. Llevo ya muchos años en esto y no lo dejaría por nada del mundo. Hay gente a quien le pueda sorprender que a alguien le guste ser trabajadora del sexo en la calle.

Nuestros clientes son buenos. Algunos prejuicios que habéis 'roto' en la 'performance' son especialmente dolorosos, sobre todo el del cartel que decía 'Si eres 'puta' no puedes ser buena madre'.

Si eres prostituta eres la mejor madre del mundo porque te has metido en esto para mantener a tus hijos. Eso es mentira, si les multan no nos salvan, nos niegan el poder vivir. Gracias a ellos nosotras vivimos, comemos y pagamos la factura de la luz. Yo vengo aquí cuatro horas. Vengo cuando quiero y me voy cuando quiero. Si soy una prostituta de un local o un piso tengo que atender a lo que me digan: Eso no es libertad.

Yo peleo por la calle.

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Informes y cifras Feminicidio. Si eres prostituta eres la mejor madre del mundo porque te has metido en esto para mantener a tus hijos. Aquí sí que existe una discusión. Los puteros, sin embargo, no representan el modelo normativo de lo que no debe ser un hombre. Es una activista por los derechos de las mujeres, en especial, de las prostitutas. Fue un proceso rico en emociones y sensaciones. El contrato tiene que tener límites, y las sociedades en las que vivimos ponen límites al contrato, putas con viejos prostitutas maduras milanuncios a que el liberalismo haga una exaltación de que el contrato no tiene que tener límites. Y desde que ocurre eso, se abre el camino de la democracia en Europa y tipos de feminismo sexo en el coche con prostitutas considera que la democracia es un bien político y un bien moral para toda la humanidad. Es muy importante entender que una cosa son las mujeres prostituidas y otra cosa es la prostitución; desde el abolicionismo hacemos una crítica radical a la prostitución con un fenómeno social y una enorme solidaridad con las víctimas de esa realidad social. Cuestionamos la estructura de subordinación y explotación sexual que subyace a la prostitución y, sin embargo, tenemos, como digo, una posición de solidaridad con las víctimas de este sistema. Ni siquiera entraban al calabozo, les tomaban las huellas digitales hasta que llegaba el fiolo o el dueño del lugar, que pagaban una multa grande y se llevaban a las chicas de su club. El trabajo sexual no es delito en Argentina, pero tampoco hay condiciones para realizarlo. tipos de feminismo sexo en el coche con prostitutas

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